Si hubiera que destacar a una figura señera femenina del jazz, al margen de las cantantes, no dudaría en nombrar a Mary Lou Williams.
La pianista, arreglista y compositora se educó musicalmente con los clásicos europeos y con solo dieciséis años debutó en Chicago con la orquesta del que después fue su primer marido, el saxofonista John Williams, del que adoptó su apellido. Después estuvo en la orquesta de Andy Kirk a la que aportó su ingenio como solista y compositora.
Su carrera ha sido un ejemplo de la evolución constante desde el stride hasta el free, pasando por el bebop. Muy religiosa ella en 1.955 se retiró por un tiempo para dedicarse a la religión y a las obras benéficas, para reaparecer olvidada por el gran público y desconocida para el público mas joven para grabar “Black Chirist of the Andes”, obra para instrumentos de viento, cantantes y coro. Siguió en la línea mística, grabando una Misa y una especie de Historia del Jazz para piano solo.
Grabó una segunda Misa, llamando la atención del Vaticano que le encargó la Tercera, conocida como “Mary Lou Mess” que se estrenó en 1.970 en la Universidad de Columbia y mas tarde en la Iglesia de Saint Patrick cantada por un coro de niños.
No obstante lo anterior se dejó seducir por el free jazz y grabó con uno de los profetas de ese movimiento: Cecil Taylor, sin dejar nunca de beber en la fuente del blues.
Mary Lou Williams supo luchar como nadie, ganándose un puesto relevante como instrumentista en una escena dominada por los hombres, de tal manera que es una referencia imprescindible en lo que a instrumentista, compositora y arreglista se refiere. Grandes como el propio Duke Ellington, Dizzy Gillespie, Stan Getz…, por nombrar a algunos dieron, en su momento, fe de ello.
