
Me propongo hacer una referencia del concierto que viví el sábado 17 en el Conservatorio María Cristina de Málaga y me encuentro con dificultad para hacerlo.
Parto de la sensación cierta de que el concierto me gustó y salí contento del mismo. Tres maestros, tres amigos, tres cómplices avezados dieron lo mejor de sí mismos para ofrecernos una música única e irrepetible, como solo puede ofrecer un concierto de jazz, a pesar del poco espacio que hubo para la improvisación.
Cabe preguntarse si la música con la que nos deleitaron Perico Sambeat,al saxo alto, Mario Laginha al piano y Joao Barradas al acordeón se puede catalogar como jazz. Pero eso es lo que menos importa, o al menos a mí. Hoy día se cataloga como jazz, música que, si nos ponemos estrictos, pues puede que no lo sea. Para nada soy como un Hugues Panassie de nuestro tiempo que ya descalificaba al bebop, como música ajena al jazz. Este crítico parisino se quedo en el swing.
La música del concierto del sábado partía de estructuras complejas. De entrada la formación, piano, saxo alto, y acordeón es cuando menos extraña, de otro lado las composiciones estaban formuladas específicamente para esa formación, y la interpretación, salvo contados momentos en que tuvieron sus espacios de improvisación, no dejaba de seguir las partituras. No había y eso lo digo como algo positivo un líder en el trío. El hecho de que los componentes del trío aportaran cada uno sus respectivas composiciones sin protagonismo superior de ninguno, ponía de manifiesto su afinidad y su condición de compañeros de un camino singular que nos hizo partícipes de su viaje hasta un final acogedor y satisfactorio. Posiblemente, gran parte de los viajeros hubiera deseado que el destino estuviera más lejos.
Mario Laginha demostró su desarrollada técnica, su sensibilidad y capacidad para contar historias y transmitirlas con sencillez y emoción. En algunos pasajes me recordó a Keith Jarrett, culpable de su inclinación por el piano, según tiene confesado.
A Perico Sambeat no lo vamos a descubrir ahora, un veterano de la escena, versátil, y con su lírismo a flor de piel, y parece hacer fácil lo difícil.
El acordeonista Joao Barradas fue el que menos oportunidad tuvo para demostrar su condición de innovador en el terreno de su instrumento, pero sus composiciones fueron de las más bellas y celebradas.
Sin duda fue una demostración de música creativa, original y sorpresiva que ojalá tuviera plasmación en alguna grabación para profundizar en ella. No puedo dejaros muestra de ella porque no encuentro ni rastro en las redes. Me imagino que pronto la habrá. Mientras tanto ahí va una muestra de cada músico por separado. ¡Buen provecho¡
