Enrico Pieranunzi, romano y exquisito.
No recuerdo bien cuando lo oí por primera vez. Tal vez fuera en el primer disco, «play Morricone» que de él compré, posiblemente recomendado por la tristemente desaparecida revista «Cuadernos de Jazz». Desde entonces lo he seguido y en mi estantería, en el espacio destinado a los pianistas, ocupa un lugar privilegiado. Los discos dedicados…
